UNA PROPUESTA PARA EL AULA TIC DEL SIGLO XXI

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Publicado por  Raúl Céspedes Ventura |  23/01/2016
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Introducción

Existe una inquietud entre la comunidad educativa en torno al modelo de aula que existe actualmente en los centros educativos, así como la gestión de los espacios que los docentes realizan en las mismas. Esta inquietud se ha de considerar más que sana, ya que resulta de suma importancia preguntarse continuamente acerca de lo que hacemos, y por qué hacemos lo que hacemos, de otro modo, es muy difícil mejorar e innovar en cualquier área.

En este sentido hay un aspecto de las aulas escolares que llama poderosamente la atención, y es el uso que se hace de las TIC y su integración dentro de la metodología docente. Una integración que en ocasiones es inexistente y en otras poco efectiva, pero en lo general es una integración que carece de un horizonte claro, una meta y un sentido. Los profesionales de la enseñanza se encuentran actualmente con una tecnología muy avanzada y con un potencial inmenso, pero también con realidades que dificultan su uso de un modo efectivo.

Durante diferentes experiencias en aulas de diferentes niveles de Primaria y en diferentes momentos dentro del período comprendido entre los años 2011 y 2013, se realizaron una serie de observaciones sistemáticas que quedaron registradas en unas notas de campo. Estas observaciones tenían la intención de recabar información acerca del uso que el docente hacía del aula, de sus espacios y su equipamiento, observando cuál es el uso que se da a esos espacios. Con este fin se buscaron experiencias y propuestas que reflejaran este aspecto, y todo lo que se pudo encontrar miraba hacia la misma dirección, esto es, el uso de un ordenador y un proyector para ver películas, vídeos de diferentes proveedores de contenidos, realización de actividades divertidas, y sólo los más atrevidos crean páginas web donde sus alumnos interactúan.

En nuestra experiencia en el desarrollo de páginas web, muchas de las cuales trabajan hoy día con bases de datos, y observando lo que diferentes aplicaciones son capaces de realizar con esos datos, se puede deducir sin temor al equívoco que al menos en al actualidad, no se está aprovechando la tecnología informática ni en un porcentaje mínimo de lo que esta puede aportar, y que por otro lado la arquitectura de las aulas necesita una revisión en vista al nuevo sistema productivo y a las sociedades modernas, las cuales están demandando un tipo de sociedad y de ciudadano que difiere enormemente al que había o se demandaba durante la Revolución Industrial, coyuntura que marcó el modelo actual de las mismas.

 

Desarrollo

Para dar comienzo a esta revisión es esencial hacernos una serie de interrogantes, ya que así como afirma Gervilla (1987) “de lo que no cabe duda es que no se puede educar sin una referencia explícita a la finalidad”. Estos interrogantes han de estar relacionados con cuestiones como qué entendemos por educación, qué es la escuela, qué tipo de educación se produce en la escuela y por tanto, qué esperamos que suceda dentro de las aulas.

¿Qué entendemos por educación?

Para contestar a estas cuestiones vamos a detenernos en algunas de las definiciones que del concepto de educación se han pronunciado a lo largo del tiempo. Una de las que mejor recoge la esencia del concepto es la propuesta realizada por Platón, quien defendió que educar es “dar al cuerpo y al alma toda la belleza y perfección de que son capaces" (Jagot y Noguin, 1949).

Desde esta perspectiva, la educación es entendida como el desarrollo del potencial del educando partiendo de la capacidad intrínseca que posee. Más que la mera reproducción social, este punto de vista plantea la configuración de un individuo único, irrepetible y plenamente desarrollado hasta su clímax.

Sin duda es una pretensión que muchos docentes tendrán presente cuando realizan su trabajo, sin embargo, en ningún caso sería sensato afirmar que la educación pueda depender en exclusiva de un único individuo, llámese profesor, maestro, tutor, sacerdote, líder o cualquier otro agente social que tenga la función de educar o al menos de transmitir conocimientos.

Una concepción con tal expectativa como la que propone Platón escapa totalmente a las posibilidades que un centro educativo actual posee para aportar a los individuos que la componen, al menos no en su totalidad, ni siquiera en un alto grado, aunque es un buen referente al que fijarse para no perder la perspectiva de con qué estamos trabajando y con qué finalidad.

Durkheim (1975), sin embargo, define la educación como “la acción ejercida por los adultos sobre los jóvenes”, vinculando la educación con las acciones que desde el exterior se ejercen para formar, criar, instruir o guiar al educando. Es una concepción por tanto referida a las relaciones establecidas con el entorno, y que son capaces de desarrollar el potencial educativo del sujeto. Subyace en esta concepción de la educación una función de adaptación y/o de reproducción de unos patrones socialmente establecidos, ya que lo que pretende es la inserción de los nuevos miembros en la sociedad mediante la transmisión de determinados contenidos culturales.

Educar también es, desde esta perspectiva durkheimiana, un proceso de socialización, y por tanto las escuelas serían agentes socializadores dentro de ese proceso, donde se aplican las ideas y concepciones que se poseen de la “sociedad modelo”, y las aplican a cada individuo con la finalidad de adaptar a cada ser humano a la sociedad a la que pertenece.

La educación de una persona es pues, un proceso que dura toda la vida, un proceso de formación como ser humano, como ese ser que nace inacabado y que ha de terminar de formarse, en definitiva de hacer a la persona mejor de lo que es en un principio mediante un permanente proceso de perfeccionamiento de todas las características de la persona, aunque existen posturas que plantean la incisión exclusivamente sobre aquellas que se consideran específicamente humanas como la voluntad, la inteligencia, el entendimiento, etc.

 

¿Qué es la escuela?

Como hemos apuntado con anterioridad, la escuela es un agente socializador, ha de ser el lugar donde se ejerce la educación, donde esa influencia de los adultos sobre los jóvenes tiene lugar, y por ende, habría de ser el lugar donde cada individuo se desarrolla, donde el ser humano es perfeccionado. Pero ¿es esto una realidad? ¿Qué son realmente las escuelas?

Las escuelas parece que terminan siendo lugares en los que se imparten conocimientos, donde bajo la presión del cumplimiento de unos estándares conceptuales y bajo la dirección de las editoriales de libros de texto, maestros, tutores y especialistas ejercen su labor de enseñantes a unos alumnos que tienen muy pocas posibilidades de ser atendidos en su diversidad dado que es materialmente imposible que un profesor de Primaria pueda dar una enseñanza personalizada a cada alumno y a la vez cumplir los programas de contenidos establecidos por el Currículum. Por un lado, porque actualmente sufrimos un ratio oficial profesor/alumno de unos 12 alumnos por maestro, y por otro porque los profesores carecen de las herramientas adecuadas para esa personalización.

La escuela de primaria es efectivamente ese lugar donde en el mejor de los casos, aprendemos lo necesario para poder desenvolvernos en la vida cotidiana, aprendemos a leer y escribir, a redactar, necesario para comunicarnos, a operar con números, imprescindible en nuestra sociedad, historia, aprendemos a relacionarnos entre nosotros y con el medio que nos rodea, aprendemos cómo es el mundo y a entenderlo, cómo funciona la naturaleza, y cómo debemos actuar para conservarla, aprendemos a expresarnos a través de las artes y aprendemos a utilizar nuestro cuerpo de forma saludable. Es ese instrumento socializador del que venimos hablando donde se nos prepara para incorporarnos a una sociedad en concreto, ya que las experiencias y los conocimientos que recibimos están íntimamente relacionados con el contexto en que vivimos. Así, un alumno de una escuela inglesa en Liverpool inequívocamente recibirá una educación ligeramente diferente a la que pueda recibir un alumno español en una escuela valenciana y diferirá con bastante amplitud a la recibida por un alumno chino en una escuela de Shanghái.

Ante la dicotomía que resulta de comparar las aulas de prácticamente los inicios de las primeras escuelas allá a finales del siglo XIX, y las aulas actuales a principios del siglo XXI, es decir doscientos años más tarde, encontramos en las primeras, en blanco y negro, unos niños dispuestos homogéneamente de dos en dos a lo largo del aula, rectangular, donde en un extremo está situado el maestro o la maestra que enseña los contenidos y realiza sus explicaciones, tras él, la pizarra (figura 1).

 

 

 

 

Figura 1. Escuela colonial de 1901 en Australia.

 

Evidentemente, lo sorprendente no es que en 1901 las aulas fueran así, ya que el origen de estas escuelas y su configuración respondía a una demanda coyuntural, un tipo de escuela que se creó durante la Revolución Industrial para un tipo de profesional que por cierto que ya no existe, para un modelo productivo diferente al que nos dirigimos en la actualidad. Por esto es cuanto menos asombroso que las escuelas actuales (figura 2) continúen teniendo la misma configuración. Unas aulas cuya estructura de relaciones se caracteriza por el individualismo competitivo que funcionaba en la empresa, bajo la premisa de que cuanto peor le iba a los compañeros mejor le iba a cada uno.

 

 

 

 

 

 

Figura 2. Escuela actual en Alicante (España)

Pero sería injusto decir y sería un error pensar o creer que la educación no ha evolucionado en doscientos años porque sin duda, desde que Carlos III realizara las primeras reformas educativas que son la base del actual sistema educativo, los posteriores planes de estudios del Decenio Liberal, la Ley Moyano, la creación del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1900 y poco después la aparición del concepto de Escuela Nueva, los avances durante las épocas republicanas, hasta que con la Constitución del 78 y en su artículo 27 se reconoce la libertad de enseñanza y el reconocimiento de ésta como un derecho y con las reformas actuales la enseñanza ha evolucionado, por supuesto. Pero mientras que la humanidad en general ha evolucionado más en los últimos cincuenta años que en toda su historia, la educación ha dado pequeños pasos y ha quedado anclada a una época que poco tiene que ver con las sociedades actuales y por tanto a sus demandas.

Howard Gardner (1943), citó en una entrevista a un periódico nacional que "Lo que hacemos ahora está anticuado tanto para el sistema como para los alumnos", también dice "es del siglo XIX y XX, porque los profesores fueron educados a su vez de una forma antigua", y creo que este es un error en le que nosotros, como futuros maestros si no tenemos una formación adecuada y una idea clara de lo que queremos conseguir y cómo conseguirlo podemos caer fácilmente. Me refiero al hecho de que después de largos años de estudio y preparación caigamos en la tentación de enseñar tal y como nos enseñaron a nosotros y por tanto, seguir repitiendo el patrón que nos ha llevado a tener los resultados que como sociedad vivimos en nuestro país.

Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Qué impide que las aulas escolares evolucionen así como lo ha hecho la industria, las artes o las relaciones interpersonales e internacionales? Quizá el miedo al cambio es uno de esos motivos, esa manera de pensar que nos lleva a decidir que “si algo funciona (más o menos) bien, para qué cambiarlo”.

¿Qué esperamos que ocurra dentro de las aulas?

Actualmente estamos solo en el comienzo, pero tanto los programas informáticos como los equipos son cada vez más versátiles y, tal y como apunta Gardner (2011) “si quieres aprender algo, ya sea a esquiar o a vender, cálculo o genómica, no hay ningún motivo por el que todos tengan que aprender de la misma manera”.

Creemos que la escuela debería de ser un lugar donde cada niño pudiera expresarse libremente, actuar libremente y desarrollarse según su propio ritmo de aprendizaje. Pero ¿es esto posible en los entornos de aprendizaje actuales? y una cuestión aún más inquietante ¿es posible crear un entorno de aprendizaje que permita ese tipo de desarrollo? ¿es un ideal utópico y por tanto inalcanzable?

Un elemento fundamental para conseguir, o al menos caminar hacia esa dirección es el maestro y el rol que este ha de desarrollar en un aula. Son muchas las voces que actualmente hablan acerca del “nuevo rol del maestro” porque no cabe duda que la concepción que hasta ahora teníamos de este está cambiando y de hecho ha cambiado. Esta nueva concepción lo establece como un ayudador del alumno, alguien que más que transmitir conocimientos sea capaz de proveer a los educandos las experiencias necesarias para optimizar su aprendizaje.

Sin duda, los centros educativos son lugares de encuentro entre niños y adultos donde unos aprenden de otros, no solo se trata de que los adultos enseñen contenidos a los niños sino proveerles de experiencias y por otro lado, los alumnos enseñan a los adultos a través de su respuesta a esas experiencias y proponiendo de forma natural otro tipo de interacciones con los adultos. Las escuelas son una herramienta fundamental de las sociedades desarrolladas, que en principio deberían atender a una máxima, la de formar a los ciudadanos de la sociedad democrática del un futuro inmediato y a medio plazo. Es decir, en las escuelas habrían de formarse los ciudadanos que la sociedad demanda, los ciudadanos que se necesitan para crear sociedades democráticas, pacíficas, que sepan resolver sus conflictos y que sean capaz de trabajar en los puestos de trabajo del futuro que distan mucho de los que motivaron la evolución de las escuelas en lo que hoy conocemos, fruto de la Revolución Industrial y con el objetivo de “producir” trabajadores para las fábricas.

En el pasado, las personas han estado realizando actividades de forma individual, pero actualmente prácticamente todo está consistiendo en trabajar en equipo, en llegar desde distintos lugares a un mismo sitio, trabajar de un modo eficiente y quizá no volver a ver a esa persona nunca más. Por esto, colaborar afectivamente, construir confianza con un compañero al que apenas conoces, saber gestionar las emociones ajenas y las propias se van a convertir en competencias cada vez más valoradas y necesarias en los futuros ciudadanos, y creo que son aspectos que apenas se están trabajando en las escuelas de primaria, al menos allí donde he tenido el privilegio de asistir y con quienes he tenido la oportunidad de compartir experiencias.

El arquitecto Jaime Gutiérrez (2009, p. 176) afirma que:

En la actualidad, los pedagogos modernos coinciden en que, en el proceso de aprendizaje, el estudiante debe ser más participativo. Ya no se le enseña un tema, sino que se le enseña a aprender. De esta forma, el alumno tiene una posición más activa, sin que el profesor desaparezca.

Este último se vuelve el facilitador de un proceso necesario para el alumno. Esta novedad conlleva a una búsqueda de una arquitectura que escenifica este nuevo concepto pedagógico. En el momento actual, ya se empieza a ver obras paradigmáticas, en las que se incorpora esta idea. […] con un mobiliario que permite el trabajo en grupo —no el tradicional pupitre que obliga a concentrar la atención hacia el tablero—, y con terminales para televisores y computadores, incorporando así las nuevas tecnologías.

Gardner (2011) asegura que para poder desarrollar esas competencias de trabajo colaborativo y trabajar la inteligencia emocional debemos crear, dentro de las escuelas entornos que modelen este tipo de comportamiento entre los maestros, entre maestros y padres, y entre los alumnos.

Pero las aula actuales tienen una configuración que no se presta a una personalización de la enseñanza. Quienes hemos tenido la oportunidad de experimentar este tipo de enseñanza, vemos que los trabajos de varios grupos dentro de un mismo espacio no resultan lo efectivos que debieran, o al menos no optimizan el tiempo ya que en lo general se avanza poco debido a los altos niveles de ruido que genera más de veinte alumnos hablando a la vez, por mucho que se intente que lo hagan en voz baja, necesitan hablar para trabajar en equipo.

Por otro lado, vemos que las muchas experiencias que están habiendo en relación a las TIC se están desviando por derroteros que poco tienen que ver con el potencial que un sistema informático posee. Dichas experiencias se están basando en aplicaciones específicas. Por ejemplo, el portal web “eduapps” (http://www.eduapps.es) afirma que “actualmente existen más de 80.000 aplicaciones educativas”. Y alguien podría pensar “¡qué bien! ¡cuánta variedad!”, pero ¿se supone que cada maestro ha de probar esas 80.000 aplicaciones, una por una hasta encontrar la que satisface sus expectativas o necesidades?

Otras experiencias relacionadas con la aplicación de las TIC es la del maestro Domingo Méndez, todo un referente en la Región de Murcia y alguien con influencia en otros lugares de la geografía española, quien en su blog “EDUACIÓN y T.I.C” comparte cientos de aplicaciones y herramientas que se pueden usar en el aula, además de contar su experiencia, consistente en crear una página web basada en Moodle, un potente gestor de contenidos (CMS) enfocado a la educación a través del cual él ha creado un portal donde sus alumnos están registrados y acceden con el fin de crear el temario de las asignaturas, elaborando y publicando en esa web diversos trabajos. La evaluación final se realiza a través de una prueba objetiva. Un examen.

Una vez más la pregunta ¿suponemos que cada profesor va a crear una página web similar y programar una elaboración semejante? Esto supone conocimientos básicos en gestión de páginas web tipo CMS, módulos, componentes, alojamientos, programación, diseño… y aunque nos parece un avance y un buen aprovechamiento de la tecnología seguimos creyendo que “el árbol no nos deja ver el bosque”.

La pregunta clave sería ¿cuál es la función primaria que tiene la tecnología informática? ¿Qué ventaja me ofrece la computación ante cualquier otra herramienta? La respuesta es simple, la capacidad de gestionar datos, información, miles y millones de bites por segundo, algo imposible para la mente humana. Y lo realmente llamativo es que ese aspecto esencial se usa en prácticamente cualquier otro ámbito menos en educación.

Ahora bien, el uso beneficioso y fructífero de la informática consiste tener la información y gestionarla de un modo adecuado. Es decir, si yo consigo implantar en mi aula un sistema informático que me permita recoger diariamente datos referidos al trabajo de mis alumnos y soy capaz de obtener esa información de forma adecuada, voy a poder por un lado, llevar un control sobre el progreso de mis alumnos de una forma mucho más fiable que el que un maestro pueda tener a través de su observación, apuntes, memoria, seguimiento personal, etc., simplemente porque los maestros son seres humanos, quienes no tienen el don de la omnipresencia y mucho menos la omnisciencia. Por otro lado, siendo ese software lo suficientemente versátil, poder de forma personalizada programar actividades específicas para un grupo de alumnos e incluso de modo personalizado.

Por tanto, ya tenemos los dos aspectos claves en el diseño del aula del futuro. Por un lado, el trabajo cooperativo como principal modo de aprender y trabajar, y por otro el uso de la tecnología informática en un sistema único que ofrece y gestiona contenidos que a su vez son gestionados, personalizados y adaptados por el maestro.

Conclusión

El aula del futuro no sería como algunos la han dibujado, algo parecido a una nave espacial, toda de color blanco, donde los pupitres son pantallas táctiles, donde se han sustituido las esquinas por curvas y las mesas tienen forma de espiral. Nada más alejado de eso.

Todas las aplicaciones son herramientas útiles, pero deberían ser un complemento tecnológico como lo han sido hasta ahora los ábacos, las regletas o un cartabón, Toranzo (2008, p. 18) indica lo siguiente:

[...] que un edificio responda o no a las necesidades y reformas pedagógicas no se refiere sólo a su estructura, sino a su forma, relacionada con la metodología, la didáctica, en definitiva con el concepto amplio del término educar.

En esto también es determinante la concepción que se tenga del espacio y lo que el mismo produce, posibilita o perjudica en el aprendizaje. No se trata sólo de un cambio de estructura, sino de forma.

Una propuesta para el aula del siglo XXI.

El aula que respondería a las necesidades de trabajo en equipo y que se adaptaría a un sistema informático que permita el trabajo personalizado y por grupos sería más bien algo semejante a lo que se muestra en la figura 5.

 

 

 

 

Figura 5. Una propuesta para el aula TIC del siglo XXI

Los elementos que compondrían esta aula serían: una sala central, donde dar las explicaciones por parte del maestro o realizar algún tipo de actividad de gran grupo así como las exposiciones de los alumnos al resto de la clase, etc. Los pupitres en esta sala desaparecerían ya que los niños no necesitan escribir en ellos, en su lugar cada uno de ellos portaría un dispositivo para interactuar con el maestro, situado el maestro y a su espalda la PDI para las explicaciones, actividades, etc., y todo aquello que en el futuro pueda ofrecer este dispositivo. En los laterales del aula, se encontrarían una serie de cabinas para el trabajo en grupo, cada una equipada con una mesa con cinco sillas y una pantalla conectada al sistema informático con el cual realizar las actividades o realizar las visualizaciones pertinentes. Un lugar construido de manera que los niños puedan tener intimidad acústica pudiendo ser supervisados al mismo tiempo.

En este aula, el docente tiene un despacho, en el cual realiza su tarea de supervisión telemática, programación de tareas y donde atiende a los alumnos de forma privada, ya sea para amonestarles si están teniendo una actitud disruptiva, o para darles cualquier tipo de apoyo de aprendizaje personalizado. Por supuesto, la labor del maestro durante la realización de las actividades grupales estaría relacionada con la visita grupo por grupo, supervisando el desarrollo, observando el comportamiento, y ayudando a cada grupo a realizar su actividad. Sin duda, es mucho más fácil controlar la actividad y el comportamiento de cinco alumnos que de veinticinco.

En un aula con esta configuración, se podría llevar a cabo un cambio metodológico tanto en la asignación de tareas, de grupos según diferentes criterios, en la gestión de los espacios del aula como en la evaluación de los aprendizajes. La calve es que cuando un sistema informático tiene los datos suficientes las posibilidades de realizar una actuación personalizada y efectiva se multiplican. Todo depende de cómo se usen esos datos. La tecnología existe hace mucho tiempo, solo falta ponerla en funcionamiento.

Sin duda es necesario un cambio en el modelo de aula, y por supuesto, esta es solo una propuesta más, pero sea como sea ese aula de las escuelas futuras, estas deberían tener en cuenta los factores que hemos expuesto el trabajo cooperativo y la integración efectiva de las TIC como un todo dentro de una metodología acorde a los tiempos que vivimos y no anclada en la añoranza de tiempos pasados. Sin duda, todo un reto para las generaciones presentes y futuras de maestros quienes tienen la ardua tarea y gran responsabilidad de formar a los futuros ciudadanos de las sociedades del mundo.

 

Referencias

 

Gervilla Castillo, E. (1987). Los fines de la educación, hoy. Revista de Ciencias de      la Educación, 131, 333-339.

Gardner, H. (18 de octubre, 2011). De las inteligencias múltiples a la educación           personalizada. Redes. Recuperado de http://www.rtve.es/television/
            20111209/inteligencias-multiples-educacion-personalizada/480968.shtml

Durkheim, E. (1975). Educación y sociedad, Barcelona: Península.

Jagot, P. C. y Noguin, J.G. (1949) Enciclopedia cumbre. Buenos aires: Joaquín            Gil-Editor.

Gardner, H. (1993). Frames of mind. The theory of multiple inteligences, Nueva             York: Basic Books.

Toranzo, V. (2008). Pedagogía y arquitectura en las escuelas primarias  argentinas. Revista de Estudios y Experiencias en Educación, Universidad       Católica de la Santísima Concepción, 13, 11-20.

Gutiérrez Paz, J. (2009). Estándares básicos para construcciones escolares, una         mirada crítica. Revista Educación y Pedagogía, Medellín, Universidad de   Antioquia, Facultad de Educación, 54, 155-176.

Autores
Eduardo Céspedes Ventura
Contexto educativo: